“Educar la mirada, transformar el corazón” LEMA 2018 DEL GRUPO EDUCATIVO MARÍN 

“La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas.
Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!” (Mt 6, 22-23)

En este tiempo en que lo visual llena nuestras vidas con imágenes de todo tipo, es imperioso “educar la mirada”, para que el alma, el corazón, se transformen y estén sanos y vitales. La metáfora del ojo, la luz y el ver es poderosa. Jesús mismo la utiliza muchas veces, como en el texto que hemos citado. “VER” es un verbo clave en los Evangelios. En ellos, Jesús es el que puede ver la profundidad del corazón de las personas. Puede ver más allá de lo manifiesto y comprender, valorar la integridad del ser de los demás. En casa del fariseo Simón, mientras Jesús comía como invitado, nos relata el Evangelio de Lucas que entró una mujer pecadora y comenzó a lavar y perfumar los pies de Jesús. Simón se escandaliza de esta escena y Jesús le propone una parábola sobre el perdón y luego le dice: “¿Ves a esta mujer?” … No se trata de una pregunta más. Se trata de una pregunta sobre la claridad de la mirada, que –como dice el texto inicial- ilumina a toda la persona. Donde Simón veía una mujer culpable y despreciable, Jesús “vio” una mujer que amaba, porque se le había perdonado mucho. La mirada de Jesús es transformadora y sanadora, misericordiosa y totalizante. Ve el fondo de la persona y rescata lo bello y lo bueno, donde otros –con otros ojos- sólo ven problemas.

Necesitamos educar la mirada, para transformar el corazón. Necesitamos ver con los ojos de Jesús; ver como Él ve. Porque somos sus discípulos y vamos tras sus pasos. Sólo así podremos vincularnos entre nosotros sanamente, rescatando la profundidad de las personas.

Para un educador, la mirada es una clave de esperanza. Poder ver en quien está creciendo su potencial, el de cada uno, creer en sus posibilidades, confiar en la fuerza de la vida que se va haciendo camino y lugar para crecer, es una capacidad centrante del educador. Es fuente de esperanza poder mirar y ver así. ¿Quién puede educar, sostener, acompañar a otro, si no cree en él? Y para creer hay que ver más allá de lo que a simple vista se observa. Hay que ver el futuro en el presente y dejar surgir la confianza. El educador es –sobre todo- una persona que espera y confía.

En vistas a una nueva asamblea diocesana, los obispos Oscar y Martín están invitando a toda la Diócesis a caminar en una “espiritualidad centrada en Jesús”; una espiritualidad encarnada. Esta espiritualidad, esta forma de vivir, incluye sin dudas la intención de “educar la mirada, transformar el corazón”, como dice nuestro lema, para tener la agudeza visual de Jesús mismo. Que podamos –como Él- ver lo latente más allá de lo manifiesto, para creer, confiar, apostar a los demás, amándolos como son y por lo que pueden ser.